DERECHOS HUMANOS EN LA SOCIEDAD MULTICULTURAL

17 Mar

Pensamientos sobre ‘Hacia una concepción multicultural de los derechos humanos’  por Boaventura Sousa Santos

La Declaración Universal de los Derechos Humanos, en 1948, es considerada como un gran paso en la humanidad para reconocer los derechos básicos de cada ser humano, y en reconocer la igualdad de los seres humanos a pesar de las diferencias culturales. Sin embargo, los Derechos Humanos están lejos de ser universales y mucho más aún de ser una concepción democrática por todos los estados del mundo. El documento fue elaborado por un comité de ocho miembros, formados por representantes de los Estados Unidos (Eleanor Roosevelt, la ex primera Dama estadounidense), Francia, Líbano, China, Chile, Unión Soviética, Reino Unido y Australia. La Declaración se sometió a votación el 10 de diciembre de 1948 en París,  y fue aprobado por los 58 estados miembros de la Asamblea General de la ONU, con 48 votos a favor. Hubo abstenciones de la Unión Soviética, países de Europa del Este, Arabia Saudí y Sudáfrica; además otros dos países que no votaron.

Para aquella época, un editorial de La Vanguardia advertía que era pronto “para discernir el valor político de esta declaración de principios, cuya formulación, parece tan románticamente vaga” ; y efectivamente 62 años tras su declaración, los derechos humanos representan una idea utópica que como cita Sousa, “no son universales en su aplicación”. De hecho, como afirma Sousa, el concepto de universalidad no es universal en sí mismo, ya que sólo la cultura occidental, y particularmente la filosofía kantiana, se concentra en la universalidad.

No es un secreto además, que la política de los derechos humanos ha estado casi siempre al servicio de los intereses económicos y geopolíticos de las grandes potencias (“estados capitalistas hegemónicos”); Richard Falk categorizó en 1981 ésta manipulación de los derechos  humanos en ‘política de invisibilidad’ y ‘política de supervisibilidad’ .

En la ‘política de invisibilidad’ Falk denuncia como se ignoró completamente por los medios de comunicación y la comunidad internacional la situación del pueblo Maubere de Timor Oriental, en donde se estaban llevando a cabo miles de muertes; otro ejemplo más reciente sería el caso de Ruanda en el que miles de Tutsis fueron masacrados, mientras la comunidad internacional ignoraba todas las pistas sobre el genocidio. Como ejemplos de la ‘política de supervisibilidad’, Falk cita como se enfocó de manera exagerada en los abusos a los derechos humanos por los regímenes de Irán y Vietnam.

Según Kymlicka en Ciudadanía Multicultural, las sociedades modernas se enfrentan a minorías culturales constantemente pidiendo reconocimiento de sus identidades y un acomodo a sus diferencias culturales ; cada cultura, por ejemplo, tiene una versión diferente de lo que es la dignidad humana. Por ende, la globalización económica, política y cultural requiere una reforma multicultural de los derechos humanos. Si se siguen concibiendo Derechos Humanos Universales, continuaremos en un choque de civilizaciones, principalmente entre occidente y el resto del mundo.

Para conceptuar unos derechos humanos que sean a la vez globales y culturales, consultaré el texto de Boaventura Sousa Santos ‘Hacia una concepción multicultural de los derechos humanos’, en el cual desarrolla un marco analítico en el que se puede concebir una política globalizada, pero a la misma vez tener presente la fragmentación cultural, y la política de identidad. El objetivo es conceptuar unos derechos humanos a partir de una propuesta multicultural, un proyecto integral de clases y sectores populares; en resumen unos derechos humanos que operen de una “forma cosmopolita y contra-hegemónica de la globalización”.

Formular unos derechos humanos multiculturales, no es una tarea fácil dada la complejidad de las diversas culturas de la humanidad. No obstante, dado que ninguna cultura es completa, Sousa Santos propone un diálogo transcultural y una hermenéutica diatópica que busque “elevar al máximo la conciencia de incompletitud recíproca”.

Globalizaciones y Cosmopolitismo

Según Sousa, existen varias globalizaciones ya que la globalización se compone de un conjunto de relaciones sociales. La globalización es el proceso mediante el cual una condición tiene éxito en extender de rango en todo el globo y desarrolla la capacidad de designar a una condición (o entidad rival) como local.

Sousa considera que existen cuatro tipos de globalizaciones:
1. Localismo globalizado: el cual es el proceso mediante el cual un fenómeno local se globaliza exitosamente. Como por ejemplo, la música popular americana, la comida rápida, o la cooperación mundial con las corporaciones transnacionales.
2. Globalismo localizado: es la desestructuración y reestructuración de las condiciones locales para responder a las prácticas e imperativos transnacionales. Ejemplo de ello son  enclaves del libre comercio, deforestación, uso turístico de recursos naturales e históricos, entre otros.
3. Cosmopolitismo: consiste en el poder de los estados-nación, regiones, clases y grupos sociales subordinados, de organizarse transnacionalmente en defensa de sus intereses comunes. Dicha organización contraresta los efectos dañinos de las globalizaciones hegemónicas, y crea nuevas oportunidades de creatividad y solidaridad transnacional. Estas actividades cosmopolitas incluyen, las organizaciones mundiales de trabajo, las organizaciones de derechos humanos, redes de desarrollo sostenible, entre otros.
4. Herencia común de la humanidad: son los procesos que, para Sousa, son “tan globales como el globo mismo”. En ésta categoría se incluyen asuntos que conciernen a toda la humanidad, como los son, la sustentabilidad de la tierra, protección de la capa de ozono y el amazonas, etc.

Éstas cuatro globalizaciones, están divididas a su vez en globalizaciones desde arriba y globalizaciones desde abajo. Las globalizaciones hegemónicas, como el localismo globalizado y el globalismo localizado son globalizaciones desde arriba, ya que ambos son resultados del capitalismo global.

Mientras que el cosmopolitismo y la herencia común de la humanidad son globalizaciones desde abajo y contra hegemónicas, ya que son conflictos de resistencia, luchas y coaliciones contra la jerarquía del sistema mundial y la interdependencia.

Con ésta categorización de las globalizaciones, Sousa argumenta, excelentemente, que la concepción de unos derechos humanos universales forman parte de una globalización desde arriba; mientras que una concepción multicultural de los derechos humanos debe ser una globalización desde abajo; es decir una Declaración de los Derechos Humanos genuinamente interesados el diálogo acerca de los diferentes principios culturales sobre la dignidad humana.

Derechos Humanos: de un localismo globalizado a un proyecto cosmopolita

Para reformar los derechos humanos de una globalización desde arriba a una desde abajo, Sousa propone un método que cumpla varias premisas, entre ellas: la superación del debate entre el universalismo cultural y relativismo cultural; entender que todas las culturas tienen nociones diferentes de la dignidad humana y que no todas las culturas conciben a la dignidad humana como derechos humanos, y por último entender que ninguna cultura es completa.

Para ello Sousa Santos propone un diálogo a través de una hermenéutica diatópica, la cual está basada en que los “topoi” (categorías, temas o conceptos repetidos) de todas las culturas, son incompletos. Dicha hermenéutica tiene el objetivo de que haya un reconocimiento mutuo de tales debilidades y que se busque eliminarlas mediante el diálogo e intercambio cultural.

Como ejemplo Sousa propone un diálogo sobre los topos de los derechos humanos de la cultura occidental, contra los topos del dharma (cultura hindú) o los topos del umma (cultura islámica). Desde el punto de vista del dharma, los derechos humanos occidentales contienen una concepción muy simplista e intercambiable entre derechos y deberes, lo que causa que no se le otorguen derechos a la naturaleza o a generaciones futuras, ya que éstos no tienen deberes. Por otra parte el dharma no se preocupa por el orden democrático, la libertad y la autonomía.

Éste reconocimiento de las debilidades e incompetencias de los topos de una cultura, es lo que llevaría a un verdadero diálogo transcultural. La hermenéutica diatópica requiere además, un proceso diferente de creación de conocimiento. Sin embargo, Sousa nos advierte que el multiculturalismo puede convertirse también en el argumento de la política reaccionaria,  y para ello propone la aceptación de dos imperativos transculturales: primero que de las culturas que se examinen, se escoja al que represente el círculo más amplio de reciprocidad, es decir a la que incluya los derechos colectivos de más grupos sociales. El segundo imperativo, es el de otorgar el derecho a x grupo social de ser iguales, cuando la diferencia lo haga inferior, y de ser diferentes cuando la igualdad pone en peligro su identidad.

Conclusión

Los derechos humanos, no son ajenos al paradigma de la sociedad moderna: la igualdad vs. La identidad. Sin duda la Declaración Universal de los Derechos Humanos, una concepción vaga y utópica, necesita una nueva concepción que se ajuste a la sociedad moderna. Una declaración de Derechos Humanos que acepte nuestra igualdad, y a su vez la particularidad de cada pueblo.

Sousa propone un nuevo pensamiento, un diálogo transcultural, una globalización desde abajo que incluya a las minorías étnicas, a las mujeres, y hasta la naturaleza (herencia común de la humanidad).  En éste texto, el autor nos propone un método que probablemente nos podrá ayudar a una nueva concepción de los derechos humanos y del derecho internacional; y además a superar el choque y siglos de opresión entre occidente y otras culturas.

Lamentablemente, Sousa no menciona como cambiar la política injusta de los derechos humanos caracterizada por la invisibilidad y supervisibilidad de atrocidades en base a la conveniencia de las grandes potencias; además de que resulta poco probable que aunque se establezcan unos derechos humanos multiculturales, desaparezca la manipulación de éstos, al servicio de intereses económicos y políticos.

Aunque se podría catalogar de utópico, el texto de Sousa es un gran comienzo para aceptar la globalización, las diferencias culturales, la incomplitud de cada cultura, y comenzar un diálogo que busque el intercambio, la justicia y acomodar las diferencias culturales.

Unos Derechos Humanos Multiculturales representarían un reconocimiento de las identidades mundiales, un nuevo concepto que podrá redefinir la dignidad humana de una manera más completa.

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2 Responses to “DERECHOS HUMANOS EN LA SOCIEDAD MULTICULTURAL”

  1. Victor 03/20/2010 at 4:31 AM #

    I think that human rights are intimately connected to world economics. Economic policies are a direct reflection of a societies view on human rights.

    Western greed is a direct cause of many social evils.

    Therefore in my view a conversation of human rights starts with a review of economic policies and concludes with a socio-cultural review.

    • yoymiconciencia 03/20/2010 at 11:20 AM #

      Thanks for the comments Vic! I Agree, we were discussing this same issue recently in a class. Basically what exists is a prioritization of individual human rights, rights to property etc., but not the same guarantees for political and social rights. In almost all constitutions in the world private rights, such as the right to own and the freedom of the market is waaaay more protected than social rights, such as housing, health care….

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