La inmigración y la política exterior estadounidense

23 Aug

Además de luchar contra las medidas discriminatorias planteadas por las políticas conservadoras, los inmigrantes deben también hacerle frente a muchos otros sistemas sociales de marginación. En los principales medios de comunicación estadounidenses, los inmigrantes son casi exclusivamente representados como criminales o habitantes de un submundo violento y criminal y como una carga para la economía estadounidense. Sin embargo, poco se habla de la inmigración como un fenómeno ecónomico, social y cultural relacionado en muchos casos a las políticas neoliberales de libre comercio implementadas en nuestro continente desde la década del ´90.

En una entrevista brindada a Democracy Now! en abril, Isabel García, copresidenta de la Coalición para los Derechos Humanos de Tucson, Arizona y defensora legal del Condado de Pima habló del estado de la política migratoria en el actual contexto del gobierno de Obama y de las causas y raíces del fenómeno inmigratorio en EE.UU.
Desafortunadamente, durante el gobierno de Obama hemos visto más deportaciones que durante cualquier otro gobierno. No es que este gobierno sea más-anti inmigrante, sino que tanto las administraciones demócratas como las republicanas han continuado con la política de fortalecer el aparato policial y, por lo tanto, no es una sorpresa que haya cada vez más y más deportaciones. Desafortunadamente, este gobierno es responsable de los ataques que sufre nuestra comunidad. Este gobierno continúa defendiendo el concepto equivocado de que la inmigración es de algún modo un problema policial o un asunto seguridad nacional. ¡Y no lo es! Es un fenómeno económico, social y político. Y hasta que no comencemos a enfocarnos en la raíz de la cuestión… Por ejemplo, el daño que el NAFTA ha causado a la agricultura en México, que  desplazó a millones de trabajadores que, por supuesto, emigraron en masa hacia Estados Unidos. Sabían que se desplazarían hacia acá. Por eso comenzaron a construir el muro en 1994. No empezaron a construir el muro, como algunas personas creerían, el 12 de septiembre del 2001. Empezaron a construir el muro en 1994. Así que estamos muy decepcionados con este gobierno.”

El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por sus siglas en inglés) es un experimento de neoliberalismo radical impulsado por el gobierno estadounidense y rechazado por trabajadores, ecologistas y organizaciones ciudadanas, entre otros, que advertían que el TLC acabaría con los sueldos, destruiría cientos de miles de puestos de trabajo en EE.UU. y socavaría el control democrático de la política nacional.
La organización no gubernamental estadounidense Public Citizen ha investigado extensamente los tratados de libre comercio y su impacto en la sociedad. Esta organización define al NAFTA no tanto como un tratado de libre comercio, sino como “un acuerdo de inversión”. Sus principales premisas, afirma, otorgan a los inversionistas extranjeros notables beneficios, derechos y privilegios que promueven el desplazamiento de fábricas y puestos de trabajo de un país a otro, además de la privatización y desregulación de servicios esenciales como el agua, la energía y la asistencia médica.

En 2001, 7 años después de que el NAFTA entrara en vigencia, Democracy Now! habló con Lori Wallach, directora del Observatorio de Comercio Global de Public Citizen, sobre el daño que el TLC estaba causando a los consumidores y campesinos mexicanos, estadounidenses y canadienses: “Se suponía que la situación de los campesinos mejoraría una vez implementado el NAFTA. Sin embargo, están perdiendo. Y se supone que, si los agricultores ganan menos ahora, nosotros, los consumidores, deberíamos obtener alimentos más baratos, así que comenzamos a hacer un seguimiento del Índice de Precios al Consumidor y lo que encontramos fue que aún en las áreas en las que el mercado está inundado de productos importados como consecuencia del TLC (…) los precios al consumidor han subido un 20% en los 7 años que pasaron desde que el NAFTA entró en vigencia. Entonces empezamos a preguntarnos, ¿quién está ganando? Y pensamos, quizá a los campesinos mexicanos y canadienses les está yendo bien , pero lo que encontramos fue que los campesinos y las pequeñas granjas independientes en México y Canadá están mucho peor que las de EE.UU. Según estima el gobierno mexicano, millones y millones de pequeños productores de maíz se han visto forzados a abandonar sus tierras.”

En 2008, Public Citizen publicó un informe en el que se vincula el fenómeno migratorio con las políticas neoliberales del NAFTA. Según este informe, la inmigración mexicana anual hacia Estados Unidos se incrementó un 60 % entre 1994 y el año 2000, los primeros seis años de vigencia del NAFTA. Eso significa un desplazamiento rural masivo de mas un millón de campesinos mexicanos. En un período semejante, de 1992 a 2005, el número de inmigrantes indocumentados en Estados Unidos (en su mayor parte de origen mexicano y centroamericano) aumentó un 185 por ciento. A pesar de estas cifras, las diferentes administraciones estadounidenses persisten en el intento de expandir este tipo de tratados a más países. En el 2004, el Congreso estadounidense aprobó el Tratado de Libre Comercio Centro América – Estados Unidos, conocido como DR-CAFTA, y, en la actualidad, el gobierno de Obama continúa presionando al Congreso para que apruebe a más tardar este año los TLCs con Corea del Sur, Panamá y Colombia. Mientras tanto, los trabajadores y los inmigrantes indocumentados siguen sufriendo las consecuencias de la precariedad y de la exclusión tanto de un lado como del otro de la frontera.

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